domingo, 1 de abril de 2018

UN MAL CONSEJO

Poco antes de la Semana Santa recibí una extraña invitación: el Ayuntamiento de Madrid convoca a los agentes culturales de la ciudad a formar un Consejo, no hace falta decir que de la Cultura. Mi extrañeza se debe en primer lugar a las fechas: ¿convocar la víspera de las vacaciones (23 de marzo), para una reunión que tendrá lugar justo su fin, el 4 de abril1? Lo de convocar en periodo vacacional es un truco ya gastado, pero efectivo, de los gobiernos del PP —por ejemplo las ayudas a la creación en agosto—, que sirve para que nadie que no esté ya en el ajo pueda, por falta de tiempo, participar en lo convocado. Tratándose, como es el caso, de un gobierno de izquierdas, que además ha buscado con ahínco la participación de los ciudadanos, pues me ha producido extrañeza. No porque intuya obscuras maniobras, sino que no hayan pensado en la inconveniencia de este proceder, que provoca una inevitable comparación con aquellos de quien más querrían diferenciarse.

El segundo motivo de extrañeza es que el Ayuntamiento haya decidido cómo debe organizarse la sociedad civil para tener voz en las políticas culturales. Es decir, no es la sociedad la que se ha organizado y reclama, bajo sus propias condiciones, la participación, sino la autoridad quien presupone, organiza e institucionaliza esta necesidad. Y quien pone las condiciones, que las habrá. Es de nuevo un comportamiento poco consistente con una ideología progresista, o simplemente democrática, donde los procesos instituyentes, como dicen los pedantes al uso, deberían fluir de abajo a arriba, y no al revés.

La idea del consejo, por otra parte, es viejuna, poco realista y con toda seguridad inútil. Ya hay uno en la Comunidad de Madrid, formado por las mismas asociaciones que entrarían en este nuevo, y tiene tan poco efecto que mucha gente se estará sorprendiendo al saber de su existencia por estas líneas. Pues sí, el mismo Consejo que NO abrió un gran debate cuando Aguirre ubicó el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid en Móstoles, el mismo que NO ha dicho esta boca es mía cuando Cifuentes ha dotado 216.000.000 euros para subvenciones nominativas2 (sí, doscientos dieciséis millones), parte de los cuales se destinan a un confuso ámbito cultural, y menos de un millón a ayudas a la creación en convocatoria pública. El mismo que NO ha puesto en evidencia la ausencia de un proyecto cultural en nuestra Comunidad Autónoma, NI la falta de ideoneidad del consejero, Jaime de los Santos, NI la escasez del presupuesto destinado a artes visuales: 6.000.000 en 2017, según he oído comentar a un responsable de la casa. Poco más que la subvención nominativa a la Fundación de la Energía, 4.575.000 €, donde comparten patronato, en ese obscuro matrimonio que hay entre política e Eléctricas,  la CAM y las principales compañías del sector energético.

Con estos mimbres vamos a armar nuestras políticas culturales. En el Consejo, las artes visuales estarán representadas por una “mesa sectorial”3 que se formó hace meses a instancias, una vez más, del Ayuntamiento. Hubo una sola reunión, donde me pareció que se trataba sobre todo de repartirse el pastel. Nadie informó luego de las reuniones oficiales y si te he visto no me acuerdo. En aquella reunión, primera y última, los representantes de la Plataforma descubrimos con gran sorpresa que no éramos bienvenidos, e incluso se cuestionó nuestra participación en la mesa, por las siguientes razones:
  1. Que las estructuras políticas informales carecen de legitimidad para ser interlocutoras de las administraciones públicas. Suena a facha, pero una de las asociaciones lo ha planteado tal cual y en varias ocasiones.
  2. Que la llamada escena alternativa no es profesional. Este argumento también lo oí con frecuencia en los 90, antes de que los mismos que lo esgrimen tuviesen que ponerse a escribir sobre Santiago Sierra, los Torreznos, o incluso Isidoro Valcárcel Medina, entre otros muchos artistas que han podido desarrollar su carrera gracias a la existencia de una escena alternativa, no al trabajo de estas mismas personas en las instituciones.
  3. Que hemos roto el equilibrio de poder en un sistema donde todos estaban tan a gusto y cada cual recibía lo suyo. Esto en realidad no lo dijo nadie, pero a veces hay gente que piensa tan alto que uno tiene que taparse los oídos.
Lo cierto es que el Consejo de la Cultura no va a servir para nada, más que para que algún listillo arañe lo que pone a disposición la proximidad con el poder. No tiene sentido que haya un consejo en el Ayuntamiento y otro en la Comunidad, menos cuando constarán ambos de los mismos miembros. Pero como son órganos “producidos” por la institución, y no emanados de la sociedad a través de procesos democráticos, que es lo que les daría legitimidad, cada administración se lo ha cortado a medida, como un buen traje que disimula lo menos bonito de nuestras anatomías.

Dada la sagacidad del equipo municipal de cultura, me extraña, otra vez, que no hayan reparado en todos estos inconvenientes. Si quieren un órgano que facilite el diálogo entre la sociedad y el gobierno local, el Consejo va a tener el efecto contrario. Si en la capital gobernase el PP, pensaría que en realidad la función del Consejo, como pasa en la Comunidad, es servir de pantalla entre un gobierno que hace políticas culturales en contra de la cultura y una comunidad creativa que está muy cabreada. Se diluye así la queja, se fragmenta el frente y se negocian cooptaciones, se margina a los bocazas (como yo) y el Consejo acaba actuando como la policía blanda de un poder corrupto. Además muchos de los miembros del Consejo no son particulares propiamente dichos, sino funcionarios o trabajadores contratados en instituciones públicas. Es decir, son parte de esa arquitectura institucional a la que un Consejo estrictamente civil debe servir de contrapeso.

Pero no es el PP, sino Ahora Madrid, de modo que pensaré que lo están haciendo con la mejor intención y que, llegado el momento, se sorprenderán de que no haya servido para nada. Porque este consejo lo que va a ser es un mal consejo.

Para terminar, y para compensar, yo les ofrezco un buen consejo: que el acta, decreto o el como se llame fundacional, lo impriman en papel higiénico, para que así, llegado el momento, podamos encontrarle su utilidad.

1 Para más datos, a las 16h en el auditorio La Caja de Música en CentroCentro. Se supone que es una reunión abierta, pero en la invitación piden confirmación de la asistencia.
2 https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-12-07/subvenciones-nominativas-cifuentes-madrid-2018_1488943/
La fundación está dirigida por una exdiputado del PP, según la nota de prensa citada. Por cierto, la propuesta del Fondo para las Artes de Madrid, que podría tener la misma forma legal que esta fundación, fue rechazada por Jaime de los Santos y Antonio Sánchez Luengo porque no existe un marco legal para algo así.
3 Hay una mesa sectorial nacional que publicó hace meses un documento con reivindicaciones. Lo comenté con mucha gracia en su momento: http://antimuseo.blogspot.com.es/2015/06/un-arte-espanol-sin-artistas-espanoles.html
Sus miembros coindicen en gran parte con los de la mesa de Madrid.

lunes, 19 de marzo de 2018

VALORACIÓN Y PROPUESTAS DE LAS AYUDAS DEL AYUNTAMIENTO DE MADRID


Nota: Este texto se ha presentado por Registro en el Ayuntamiento de Madrid. Lo publico tal como se redactó en la Plataforma, sin hacer corrección de estilo. La hoja con el sello de registro está disponible en: https://drive.google.com/open?id=1rX5X6qb4ZRo_ynVyJh8jYxBtKRm0sJtc
Hasta la fecha, no se ha recibido respuesta alguna por parte del Ayuntamiento de Madrid.



AYUNTAMIENTO DE MADRID
ÁREA DE GOBIERNO DE CULTURA Y DEPORTES
C/. Montalbán 1, planta 4
28014 Madrid

A la atención de Manuela Carmena, jefe en funciones del Área
Con copia a Getsemaní de San Marcos, Directora General de Programas y Actividades Culturales


7 de marzo de 2018
6 páginas



El presente documento recoge una primera evaluación, por parte de la Plataforma por el Fondo para las Artes, de las Ayudas convocadas por el Ayuntamiento de Madrid en 2017 y una serie de propuestas para mejorarlas en 2018.

Queremos decir en primer lugar que valoramos de manera absolutamente positiva que se hayan convocado estas ayudas, aunque por desgracia se han cometido algunos errores en la redacción de sus bases. Errores que podrían haberse evitado si el Ayuntamiento hubiese tenido una postura de diálogo con la sociedad civil y hubiese escuchado sus recomendaciones.

Introducción

Las Ayudas a la Creación, en sus diferentes líneas, son esenciales para el desarrollo de la cultura en nuestra sociedad y existen en la mayoría de los países de nuestro entorno desde hace al menos 40 años. En el caso concreto de Madrid, podemos señalar tres razones por las que las ayudas son esenciales:
  • Posibilitan la creación experimental, en un tejido muy precarizado, donde los creadores no disponen de recursos para desarrollar su trabajo.
  • Ofrecer un sistema transparente y accesible a todos los ciudadanos, lo que evita el amiguismo, la manipulación política de la cultura y en definitiva la sombra de corrupción que hay siempre en las subvenciones nominativas y en la contratación directa.
  • Por último, en un contexto donde apenas hay movilidad en los cargos directivos de las instituciones culturales, y donde debido a la precariedad los creadores dependen casi por completo del beneplácito de éstos para la producción y exhibición de sus trabajos, las ayudas expanden el abanico de posibilidades y favorecen la diversidad.
En definitiva, las Ayudas constituyen un paso para la democratización de la gestión de los recursos públicos, necesaria en un mundo donde no podemos seguir hablando de cultura, sino de culturas, y donde las administraciones públicas no pueden aspirar a abarcar la multiplicidad de intereses, expresiones y conflictos que conviven en nuestra sociedad.

Valoración de las Ayudas y propuestas

Aspectos generales:
  • Consideramos que la convocatoria de 2017 margina a los artistas visuales, ya que ofrecen un mayor número de opciones y recursos a las artes escénicas y destinan parte de los recursos de creación a la gestión. Tenemos que insistir en que las Artes Visuales son el único sector de la cultura que carece de una industria. Al contrario que la música, el cine o las artes escénicas, donde existen poderosas industrias con capacidad para producir y distribuir proyectos de todas las escalas, en las artes visuales todo el proceso de producción recae en el artista, y con frecuencia también la distribución. Esta diferencia debe ser tenida en cuenta a la hora de plantear las ayudas, ya que se trata de un sector especialmente precario y tradicionalmente ignorado por las administraciones públicas.
  • Denunciamos la falta de diálogo a lo largo del proceso. Pese a la aparente apertura del Ayuntamiento, en realidad no se ha escuchado ni una sola de nuestras recomendaciones, por lo que en la redacción no se han entendido las necesidades ni los problemas del tejido. Es destacable que el Ayuntamiento ni siquiera ha tenido en cuenta las conclusiones de los Laboratorios que él mismo organizó.
  • Señalamos la necesidad de implementar un sistema de becas o premios para artistas, como se hizo en las primeras Ayudas de Intermediae en 2007, de tal manera que el dinero concedido en ellas pueda ser utilizado para la manutención de los creadores.
  • No camuflar ayudas a residencias de artistas con programas establecidos con ayudas  a la creación.
  • Una falta de entendimiento profundo del tejido arte, tiene la consecuencia de creer que ayudar al arte es ayudar a las residencias de artistas, a las ferias de arte o a las galerías. Los que crean son los creadores, los artistas, y mantener una infraestructura de residencias, ferias y galerías sólo ayuda a la creación de manera residual. El sistema de arte es muy precario y no se puede gastar dinero en lujos: producción, residencias de artistas, galerías, ferias cuando no se ayuda a la creadores manteniendo su infraestructura necesaria para crear: salud, espacio para vivir, espacio para trabajar materiales básicos. No podemos vivir en un limbo como lo hacen los “artistas” estrella o hijos de ricos. El arte es un valor universal como la salud y el ayuntamiento ha de pagar a quien lo crea.
  • Señalamos también la necesidad de una convocatoria permanente de bolsa para viaje, como estaba previsto inicialmente.
  • Exigimos convocatorias y jurados diferentes para cada ámbito creativo. En la convocatoria de 2017 hay Ayudas redundantes para artes escénicas, que han podido presentarse, con idénticas actividades, a las líneas de espacios y de salas de pequeño formato, y al programa de Agentes Culturales de la línea de Ayudas a la Creación.
  • Los jurados tienen la responsabilidad de otorgar fondos públicos por valor de varios millones de euros. Siendo ámbitos muy especializados, es incomprensible que se hayan formado jurados interdisciplinares, donde expertos en danza deben valorar propuestas de artes visuales, por ejemplo.
  • Se solicita que se comunique a los no seleccionados el detalle de sus puntuaciones, para que puedan saber en qué han fallado y corregir errores en las siguientes convocatorias.
  • Denunciamos que existe una discriminación (no recogida en las bases) debido a la cual no se han concedido Ayudas a la Creación a los artistas que además son miembros de una asociación que ha concurrido a otras líneas.
  • El sistema de evaluación es manipulable por parte del Ayuntamiento, ya que la puntuación final no se ha hecho en una reunión presencial, sino que se ha pedido a los jurados independientes que remitan sus puntuaciones. Este sistema ha permitido que el Ayuntamiento puntúe a la alta o a la baja beneficiando o perjudicando de acuerdo con intereses que no tienen nada que ver con la calidad de los proyectos. Este sistema pone en tela de juicio la legitimidad de las subvenciones.
  • Nos gustaría colaborar con el Ayuntamiento para abrir un debate con todos los beneficiarios y en su caso publicar una encuesta.
  • También consideramos necesaria una revisión de la metodología de selección de los jurados.
  • El sistema telemático de aplicación falló en los últimos días de plazo, motivo por el cual hubo creadores que no consiguieron presentar sus aplicaciones.
  • El plazo de presentación fue muy breve, y es de señalar que las bases se filtraron a la prensa antes de ser publicadas.
  • Las concesiones deberían ser comunicadas por email a los beneficiarios.
  • No se ha convocado una ayuda para la compra de equipos, por motivos legales, pero simultáneamente el Consorcio de Teatros convocó una ayuda para la rehabilitación de salas. De nuevo estamos ante un problema de discriminación de las artes visuales.
  • Por último, les instamos a recuperar la idea del Fondo e iniciar un debate con todos los partidos.

Análisis y propuestas “Espacios independientes de creación contemporánea”:
  • Exigimos que se elimine el requerimiento de la forma jurídica (asociación cultural), ya que en la actualidad hay una gran cantidad de colectivos no regularizados e incluso agrupaciones de asociaciones. La redacción de este punto demuestra un completo desconocimiento del tejido creativo de Madrid.
  • Por consiguiente, exigimos que se retire la exigencia de antigüedad, donde se ha tomado como referencia la fecha de constitución de la asociación. Durante los años de crisis no tenía sentido formar una asociación, y las mismas dinámicas de la creación actual exigen modelos más flexibles y cambiantes.
  • Exigimos que se elimine el requisito de un contrato de alquiler a nombre de la asociación, ya que muchos proyectos se desarrollan en viviendas o estudios, y en cualquier caso los alquileres casi nunca están a nombre de las asociaciones, ya que los propietarios exigen una solvencia que éstas no tienen.
  • Consideramos que hay un conflicto entre estas ayudas y las de las Salas de Pequeño Formato de artes escénicas. Pedimos que haya una línea exclusiva para espacios dedicados a las artes visuales.
  • El plazo de ejecución del proyecto debe estar vinculado a la fecha de la concesión y pago efectivo. La convocatoria de 2017 se dirige a proyectos ya realizados. Dada la precariedad del tejido, muchos no han podido presentarse por carecer de facturas. El desfase entre el plazo de ejecución y la fecha de pago está causando enormes problemas a los beneficiarios, sobre todo a los más vulnerables. La ineficaz gestión de las Ayudas está retrasando además su pago, de tal manera que los beneficiarios temen recibirlas pasada la fecha límite para presentar la justificación.
Análisis y propuestas: “Festivales, muestras, certámenes, congresos y otros eventos culturales”:
  • Esta línea entra en conflicto con el programa de agentes culturales de la línea de Ayudas a la Creación, ya que las actividades que recoge son las que normalmente puede desarrollar un gestor o un curador.
  • Como en la anterior, no tiene sentido la convocatoria para proyectos ya realizados, ya que las ayudas se dirigen a un tejido sin capacidad de financiación propia.
  • Nos parece contradictorio con el espíritu de las ayudas que esta línea admita sociedades mercantiles.
Análisis y propuestas: Ayudas a la creación:
  • Exigimos que se elimine el programa de agentes culturales, ya que se obliga a los artistas, que son los más débiles, a competir con asociaciones que tienen una gran capacidad de gestión, y acaba reforzándose el poder de los gestores sobre los creadores. Se producen además varios conflictos, como el ya señalado con la línea de “Festivales, muestras, certámenes, congresos y otros eventos culturales”, y debido a la posibilidad de que un artista aplique con un proyecto que luego se va a incluir en el programa o proyecto de un agente cultural, produciéndose una doble financiación.
  • Exigimos que se elimine el programa de red de residencias, por tres motivos:
    • El sentido de estas ayudas es facilitar que la cultura se desarrolle también fuera de las instituciones, para garantizar la diversidad que caracteriza a la sociedad contemporánea. Al revertir las ayudas en las mismas instituciones, la posibilidad de que en Madrid convivan distintas formas de entender y practicar la cultura se ve limitada.
    • Este programa supone una vía de financiación lateral para las instituciones, ya que el beneficiario debe gastar el importe de la ayuda en el desarrollo de un proyecto en la misma institución. Consideramos que dado que estas instituciones tienen ya su propio presupuesto, no deben concurrir en unas ayudas destinadas a la sociedad civil.
    • Este programa instituye la figura del falso subvencionado, similar a los falsos autónomos y becarios que hay en todos los museos de España. No es más que una forma de trabajo gratuito, que incide en una mayor precarización de los creadores y gestores independientes. Es particularmente llamativo el caso de CiudadDistrito, dado que este programa es en realidad una herramienta de contratación, y por medio de las Ayudas puede contratar sin pagar honorarios.
  • Exigimos una revisión de los criterios de valoración, en especial el concepto de “retorno social”, por los siguientes motivos:
    • La obra de arte no tiene un significado inherente, el significado se produce en el momento de la recepción y éste está condicionado por factores sociales, culturales, geográficos e históricos. Plantear que un jurado de 9 personas puede prever y evaluar a priori este complejo proceso evidencia un conocimiento muy superficial de la cultura contemporánea y las condiciones de su producción, difusión y consumo.
    • Hemos detectado que se confunde “retorno social” con determinadas prácticas aparecidas en los años 70 en el arte norteamericano, que han devenido hoy en un lenguaje institucional: arte de participación, community art, arte colaborativo… Estas prácticas, sin duda muy interesantes, son una pequeña parte del espectro de la creación contemporánea. Supeditar la concesión de una ayuda a que los creadores asuman como propio este lenguaje es equivalente a poner como condición que la obra se identifique, por ejemplo, como abstracción geométrica.
    • El retorno social, planteado en los términos de la convocatoria, es un criterio subjetivo que empaña la transparencia del proceso de selección y permite favorecer determinados posicionamientos políticos.
  • Como ya hemos indicado antes, proponemos que se establezca una beca o premio, para que los creadores puedan disponer de la Ayuda para sus gastos de manutención, alquiler de estudio, inversiones en equipo…
  • Las Ayudas a la creación, tal como están redactadas, son el realidad ayudas a la realización de proyectos. Proponemos que en las Artes visuales haya una línea de Ayuda a Proyecto y otra, como se ha señalado en el punto anterior, que tenga carácter de beca. Señalamos aquí que el trabajo por proyectos tampoco cubre la totalidad de las prácticas artísticas contemporáneas, ya que muchos creadores mantienen un desarrollo constante en su obra.

Conclusión:

Las Ayudas, tal como se han convocado en 2017, constituyen un importante avance en las políticas culturales del Ayuntamiento de Madrid y un ejemplo a seguir por otras administraciones públicas. La Plataforma tiene, al igual que en los dos últimos años, la mejor disposición para colaborar en el perfeccionamiento de la próxima convocatoria.

Para completar el análisis de las Ayudas a la creación solicitamos que se haga público un listado de beneficiarios donde se incluya el título del proyecto y el programa (creación, agentes o red de residencias). Con este listado podremos desarrollar un informe y una propuesta más detallados, para mejorar la convocatoria de 2018. Entre tanto, esperamos sus noticias y sugerimos que se organice una reunión lo antes posible, con el fin de establecer un calendario de trabajo y una lista de objetivos.

domingo, 4 de febrero de 2018

LA PRESENTACIÓN

Asistí, el pasado 24 de enero, a la presentación de los nuevos directores y directoras de los centros culturales de Madrid Destino. No sé bien cómo describir el acto: raro, triste, no exento de tensión (y no por mi parte, que yo soy muy tranquilo). En todo caso muy mal planteado, como casi todo lo que hace este Ayuntamiento en materia de cultura, porque si lo que se pretendía era que la comunidad cultural de Madrid (de haberla) conozca a los nuevos responsables de estos espacios, organizar una fiesta restringida ya está marcando una pauta que la promesa de “apertura” de los mismos no va a desmentir.

Antes de nada debo decir que encuentro muy positivo que se haya convocado un concurso público y estoy seguro de que el proceso ha sido absolutamente limpio. Soy testigo, porque me presenté a la dirección de Matadero, aunque con mero afán testimonial. Pero contra todo pronóstico llegué a las semifinales, a la entrevista con el comité de expertos. La verdad es que habría sido una broma que me eligiesen a mí, aunque no habría aceptado un cargo de dirección para el que no puedo elegir mi propio equipo. Tampoco un cargo de dirección en Madrid Destino, ni menos aún para un sitio como Matadero, en fin, pero ver la cara alegría de algunas buenas amigas que trabajan allí, al recibir la noticia de que iba a ser su jefe, eso no habría tenido precio. Mi proyecto lo publicaré, que para eso lo redacté y presenté, cuando consiga entrevistar a la ganadora, Rosa Ferré (aprovecho para pedir la entrevista) o al menos pueda leer su propuesta.

Éste es otro aspecto positivo: el Ayuntamiento va a publicar los proyectos ganadores. Hasta ahora los proyectos museológicos han sido secretos, tanto del de Manuel Borja Villel para el Reina como el de Manuel Segade para el CA2M. Cuando me dijeron que este último era secreto, lo primero que pensé es que a lo mejor era muy malo y les daba vergüenza publicarlo. No sé. Me dicen que los proyectos los conoceremos a medida que se desarrollen, pero a mí me parece que es como si un partido político guardase en secreto su programa, porque ya veríamos en qué consistía según vayan gobernando. Los ciudadanos tenemos derecho a saber qué se pretende hacer con y en nuestras instituciones, ya que las pagamos nosotros. Y si no publican los proyectos, lo que nunca sabremos no es sólo si el proyecto era un disparate, sino si los políticos respetaron la propuesta ganadora, o si presionaron al director hasta plegarlo a sus intereses.

En segundo lugar, el Ayuntamiento por fin a regularizado la situación anómala de estos centros. Ahora Madrid llegó al Ayuntamiento con un programa de cultura de 105 palabras (a la vista está). Cuando entrevisté a Guillermo Zapata1 en un ya muy lejano mes de abril de 2015, le pregunté qué iban a hacer con las instituciones culturales que heredaban de Gallardón. Me respondió: “vamos a discutir colectivamente qué hacemos con ellos para darles el uso que deben tener”. Bien, dos años después ha habido muy poca discusión. Los centros se mantuvieron en una especie de interinidad, con muy pocos recursos, hasta que se ha hecho esta convocatoria. Todo está muy bien, pero flota en el aire un aroma rancio a fracaso, tan madrileño.

Volviendo a la presentación, lo segundo que me llamó la atención es que apenas había personas, o personajes, del mundo del arte. Ni críticos, ni artistas, sólo algunos pares de otras instituciones. ¿Es una señal más de que las artes visuales están siendo marginadas, como siempre, a favor de las escénicas? Quizás. O quizás los personajes conspicuos del mundillo del arte de Madrid saben ya de sobra que estos centros tienen poco o nada que ver con el arte de Madrid, con nuestro tejido y con nuestros legítimos intereses. Que por allí no se nos ha perdido nada a ninguno, porque están al servicio de estrategias de representación política, y porque además Ahora Madrid sigue intentando inventarse una cultura popular que justifique la red clientelar que han sido captes de tejer en un par de años (y no son palabras mías, estoy citando a Emmanuel Rodríguez2).

La selección es rara. Correcta, pero sin sorpresas que puedan detonar nuestro entusiasmo. Un poco gris, diría. Tengo mis dudas, en un momento tan delicado, respecto a que haya tan pocos directores de museos que hayan vivido en Madrid, porque esta plaza es compleja y necesitamos interlocutores que nos conozcan y que comprendan nuestros problemas. Sospecho además que algunos centros los van a gobernar en realidad los coordinadores, porque los contratos son cortos, tres años prorrogables, y ya se están organizando porras sobre la duración de los nuevos jefes. La primera baja ha sido en CentroCentro, donde la recién elegida directora dimitió antes de empezar. Durante la presentación, que fue tediosa, cada uno de los nuevos y nuevas directoras nos ofreció un resumen muy breve de su propuesta: apertura, participación, proceso, salir de los muros de la institución y llegar a la calle, interdisciplinariedad… Salvo Ignacio Marín Valiño, director del CC de la Villa - Fernán Gomez, que viene con una propuesta muy concreta de música, los demás eran intercambiables entre sí. Aunque quizás esto sea positivo, porque si ha coincidido que todos vienen con las mismas ideas, la colaboración entre ellos resultará muy fácil.

Me preocupa, de todas maneras, la obsesión con la apertura y la participación. De hecho creo que cualquier persona que siga hablando de arte y participación, colaborativo, etc., debería ser inhabilitada para ocupar cargos públicos. Es un término que se ha vaciado de significado y sirve, como han servido siempre estas figuras institucionales, para ocultar la falta de ideas o, peor aún, la existencia de una férrea censura y el control político sobre la creación. Ya escribí algo al respecto hace tiempo, en este mismo blog3. De lo que no habló ninguno es de crítica, y deberían saber que “el arte contemporáneo (Darío Corberia dixit) será crítico o no será. Es decir, nunca será democrático.”  Y todavía mucho menos hablaron de iniciar un proceso de auto-crítica dentro de estas instituciones, que están ligadas en su mera esencia al proyecto de ciudad de Alberto Ruiz-Gallardón, y formuladas con un muy fino entendimiento de la noción de poder pastoral. De hecho, ninguno habló de iniciar una gran reforma desde dentro, cambiar la estructura, la identidad, de cuestionar sus sistemas de gobierno, del problema de los trabajadores precarios4, o de los falsos autónomos (ellos mismos lo son), los falsos becarios y hasta los falsos subvencionados, sino de rellenar los mismos cascarones con nuevos (?) contenidos. Es decir, apertura, participación, proceso… Parece que el truco de presentar la institución como alternativa a sí misma todavía aguanta.

Si los statements de los directores no ocultaban sorpresa alguna, el de la alcaldesa nos dejó a todos con los ojos como platos, porque empezó pidiendo respeto a las instituciones (¿A las instituciones culturales? ¿Quién puede respetar las instituciones culturales?) y acabó pidiendo un aplauso para sus predecesores, Alberto Ruiz-Gallardón y Ana Botella, por el precioso legado que nos han dejado.  Y la gente, directores incluidos, aplaudió a Gallardón y a Ana Botella como si fuesen lo mejor que nos ha pasado, no sólo a Madrid, sino a nuestro maltratado tejido creativo. Yo como Alberti, sentí que “era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos”.

La tensión a la que me refería al principio debe venir, me imagino, del sector de Ahora Madrid que tiene problemas éticos para aplaudir a los anteriores alcaldes. Yo me mantuve con los brazos pegados al cuerpo, los puños cerrados y ambos dedos corazón enhiestos.

Pero lo más sorprendente de este acto público, aunque restringido, lo que me dejó con mal cuerpo, con un desasosiego profundo, fue que en la silla que ocupaba Manuela Carmena podría haber estado, efectivamente, Alberto Ruiz-Gallardón. O Esperanza Aguirre, o Cristina Cifuentes, o cualquier otro. Y habríamos oído hablar exactamente igual de apertura, participación, proceso, interdisciplinariedad y demás quincalla conceptual al uso. Una vez más, ha sido necesario que algo cambie para que todo siga igual.


[1] https://antimuseo.blogspot.com.es/2015/04/entrevista-ahora-madrid.html
[2] “los nuevos profesionales de la representación —cada quien ponga sus nombres favoritos— solo tienen posibilidad de legitimarse por medio de una política de guiños y cooptación de lo que llaman su "base social". Ahora Madrid cuenta con una masa crítica de oportunistas suficiente para que el dinero público llueva con generosidad sobre los movimientos, también de la peor manera posible: liberados, asesores, contratación de militantes en el ámbito de la "intervención social", cesión de espacios "sociales" siempre con contrapartidas políticas”
https://www.elsaltodiario.com/municipalismo/la-apuesta-municipalista-revision-o-abandono#
[3] https://antimuseo.blogspot.com.es/2015/09/la-crisis-del-arte-de-participacion.html
[4] https://apuntesdeclase.lamarea.com/reportajes/despidos-y-miseria-laboral-en-los-museos-de-la-comunidad-de-madrid/

miércoles, 15 de marzo de 2017

QUE INVENTEN ELLOS

Sigo con mucho interés la polémica sobre el proyecto de las naves del Matadero. Creo que es algo que nos afecta a todos los madrileños, porque ha reaparecido esa fibra de nuestra cultura que “no es de ayer ni de mañana, sino de nunca. La fruta vana de aquella España que pasó y no ha sido”. (Cito al poeta para halagar el oído de la caverna, que posiblemente escucha pero no entiende). Y también porque Matadero fue el gran experimento cultural de Gallardón, el campo de pruebas para un modelo de ciudad neoliberal donde la cultura debía aplicarse como un instrumento de gubernamentabilidad. Todo el debate sobre el museo, el “Nuevo Institucionalismo”, las perspectivas críticas desarrolladas por autores como Tony Bennet, Nina Möntmann, Douglas Crimp y un larguísimo etcétera, llegaban a Madrid en 2007 transformados en lo contrario de lo que se pretendía conseguir: el centro de arte como simulacro de un espacio público, un contenedor sin alma, una institución que en vez de generar espacio para la cultura, se limita a representarla ante el público, la participación como auto-gobierno. Incluso el nombre, ya lo he indicado en otro lugar, tiene un efecto corrosivo sobre el pensamiento crítico, porque la amenaza que encierra y la brutalidad que expresa (matadero: ríos de sangre, cuerpos desollados, vísceras desparramadas, olor a muerte), sólo pueden enfrentarse con una sonrisita tonta en la cara: “Matadero, qué gracioso”.

Obviamente el debate no está aquí, que es donde debería, sino donde todos sabemos. En un lugar extraño, fuera del camino, en el páramo, en mitad de la nada como esos personajes del cuadro de Goya que matan a garrotazos enterrados hasta la cintura.

La reacción de algunos sectores de la cultura ante una propuesta innovadora no es inédita en Madrid. Esta ciudad es tremendamente reacia al cambio. En mi ámbito, que son las artes visuales, los artistas han tenido que enfrentarse generación tras generación a los mismos funcionarios que rechazan por instinto todo lo que huela a novedad; críticos y académicos que reaccionan con violencia contra lo que les sorprende, contra lo que no entienden; empresarios que temen perder sus magros negocios si se cambia una sola línea del consabido guión. Ramón de la Serna ya escribía en 1925: “Lo viejo se ha podido quedar, pero no se debe hacer nada nuevo con hipo viejo. Contra eso es contra lo que reaccionamos.”

En el Madrid de Ramón de la Serna se predicaba una “modernidad sin estridencias”, en alusión a las vanguardias que estallaban, una tras otra como salvas de artillería, a lo largo de toda Europa. Y ciertamente, aquí no hubo vanguardias, aunque el discurso oficial siga proclamando que somos el país de Picasso, adalides de la modernidad y protagonistas del arte del siglo XX. Pero Picasso era francés. El español se habría llamado Pablo Ruiz y nunca habría “inventado” el cubismo, porque este movimiento sólo podía originarse en una sociedad abierta, curiosa, audaz ante los cambios, sedienta de conocimiento. Picasso y Braque recogen y catalizan esa energía que hunde sus raíces en la Revolución Francesa. En España Pablo Ruiz se habría vuelto loco. El crítico Moreno Villa escribía hace también casi un siglo: “Cada número de L’Art d’aujourd’hui o de Cahiers d’Art era recibido como una palabra de promesa, como una mirada sonriente. En ellos no había nada de lobreguez, ni de cansinas viejas aldeanas, ni de vestidos que transcendían un vaho caliente. La imaginación entraba en juego por primera vez en la historia del arte.” Da miedo que resulte tan actual.

Yo he leído el proyecto de Mateo Feijóo (http://blog.mataderomadrid.org/wp-content/uploads/2017/03/PROYECTO_MATADERO_MATEO_FEIJOO.pdf) y no le encuentro la arista polémica. No me interesa especialmente, porque no me interesa la cultura que se produce en las instituciones, pero creo que es un gran avance para una ciudad que lleva 25 años sufriendo gobiernos municipales y autonómicos del Partido Popular, que han hecho todo lo posible para acabar con cualquier impulso creativo y cualquier destello de inteligencia crítica en la cultura madrileña.

Su detractores hablan de la “muerte del teatro”, como si algún género artístico hubiese sobrevivido al cataclismo de la Modernidad. Pero creo que la cuestión es la de siempre: temen que el público, si prueba cosas nuevas, le pierda el gusto a lo antiguo. Poco seguros deben estar de lo que hacen. En las artes visuales hemos vivido y volveremos a vivir situaciones parecidas: mientras Santiago Sierra excavaba el suelo del Ojo Atómico, allá por 1993, conocidos críticos pontificaban desde sus tribunas en el ABC y El País que la instalación no era arte, y que España debía salvaguardar los valores tradicionales de la pintura. También recuerdo, por aquellas fechas, la tormenta crítica contra la exposición Cocido Crudo, curada por el norteamericano Dan Cameron en el Reina Sofía. Fue una de las exposiciones más importantes y más influyentes que ha habido nunca en Madrid, pero no recibió una sola reseña positiva. Incluso una crítica muy conocida, de las más conocidas por aquí, terminaba su artículo diciendo: “Lo que pasa es que en esta exposición hay muchas ideas, pero muy poco arte”.

Ahora el panorama artístico de Madrid es desolador y se lo debemos a los mismos que están intentando abortar una experiencia que, al margen de su eventual éxito o fracaso, es necesaria para sacudirnos la caspa que hemos acumulado desde que José María Álvarez del Manzano llegó a la alcaldía en 1991. Yo estoy colaborando con artistas que no habían nacido todavía.

Pero lo bueno de esta historia es que se va convirtiendo en sainete a toda velocidad. El primer aviso fue cuando los medios más conservadores se erigieron en paladines de la memoria de Max Aub, republicano y exiliado. Se me ocurren varias bromas de mal gusto, pero me las voy a callar. Luego vemos que intelectuales de izquierdas de toda la vida se movilizan contra la innovación, contra la experimentación. “Qué inventen ellos”, habrán pensado. En España no necesitamos cosas raras, ya les llegarán a nuestros hijos convenientemente refritas dentro de 30 años. ¿En un país donde la izquierda está en contra de las innovaciones, qué hace la derecha? Nada, se sienta a esperar. (Solución de este acertijo: Rajoy).

Pero la guinda ha llegado con el sorpresivo apoyo de Ciudadanos al teatro sin estridencias (http://www.lavanguardia.com/local/madrid/20170314/42874569139/cs-presentara-un-plan-en-defensa-del-teatro-tras-reunirse-con-el-sector.html) Los intelectuales de izquierdas se alían con la derecha para frenar el primer impulso de renovación cultural que se ve en nuestras instituciones desde… desde nunca. Si la cosa sigue por estos rumbos, no dudo que lleguen distribuir camisetas-protesta con el famoso slogan: “Que inventen ellos”. O la no menos famosa copla de Manolo Escobar: “¿De qué te sirve ser tan inteligente, si luego no te entiende la gente?”. Y antes de que nos demos cuenta veremos a Begoña Villacís y Pilar Bardem del brazo manifestándose contra la modernidad. Lo que ya nos está faltando es una de aquellas intervenciones estelares de Esperanza Aguirre, que podría unirse a la comitiva e invocar la memoria no de Max Aub, sino de la más grande actriz, guionista y productora teatral que ha tenido Madrid: Lina Morgan.

Es todo tan absurdo que sólo me lo puedo tomar a risa, pero también soy consciente de la gravedad de una situación como esta: cualquier intento de desarrollar un modelo de gestión innovador en arte va a toparse con la misma oposición, que degenera, como estamos comprobando, en una mezcla de intereses corporativos y oportunismo político. Y no es casual que ni AVAM, ni MAV ni el IAC ni los llamados Agentes Artísticos Independientes de Madrid hayan querido apoyar un sistema de apoyo a la creación, cuyo principal eje son las becas para artistas. Las cosas en Madrid están atadas y bien atadas, y lo último que importa es la cultura.

La historia pasa como un tren vertiginoso por delante de nuestras puertas y los madrileños corremos el riesgo de quedarnos una vez más sin nuestro billete hacia el futuro.

martes, 15 de noviembre de 2016

AUTO-ORGANIZACIÓN DE ARTISTAS

He redactado este texto a partir de las notas que usé para mi charla en La Quinta del Sordo el pasado 12 de noviembre, en el marco de Tándem, un curso para la profesionalización de artistas y gestores, lo que sea que esto signifique. Lo que quiero decir es que la charla iba dirigida a jóvenes con formación universitaria, es decir, que casi no saben casi nada de arte. Incluyo datos y referencias que no pude detallar en aquel momento, por limitaciones de tiempo, pero he preferido no ampliar la presentación. Creo que el enfoque didáctico y la estructura y dimensiones que le di para aquel momento están bien, y que ya habrá ocasión para desarrollar los temas que apunto.

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(Saludos, agradecimientos…)

Yo voy a hablaros sobre la auto-organización de los artistas. Sobre la auto-gestión, como reza el título de la mesa, o, yo prefiero esta expresión, la auto-institución.

Pero antes de entrar en materia creo que es conveniente indicar que este tipo de prácticas son consustanciales a la Modernidad, a una Modernidad entendida en sentido amplio. Como dato, la primera exposición, porque hubo una “primera exposición” en la historia, en 1665, fue organizada por artistas. Por supuesto no fue algo con un carácter alternativo en el sentido que le daríamos hoy. Fueron los mismos artistas que unos años antes habían creado la Real Academia de Bellas Artes de Francia quienes pidieron permiso al rey para organizar una muestra en el Louvre. Pero la intención sí era crear una alternativa, y, como pasaría siglos después, liberarse de un sistema que estaba impidiendo en desarrollo de las artes visuales: el Gremio de Vidrieros, Pintores, Escultores y Doradores, que desde el siglo XIII controlaba la producción y distribución del arte.

La historia de los Salones tiene un largo recorrido, como todos sabrán, pero vamos a dar un salto de 300 años para llegar a 1965: entre finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo hubo una explosión de espacios fundados y gestionados por artistas. La escena más conocida es la de Nueva York, pero el fenómeno se da simultáneamente en todo el mundo occidental. Por citar algunos: en Nueva York el Museo del Barrio y 112 Greene Street en 1969, el Institute for Art and Urban Resources Inc., del que luego surge el  PS1, y The Kitchen en 1971, Franklin Furnace en 1976; en Los Ángeles el Woman’s Building en 1973; en San Francisco el Museum of Conceptual Art en 1970 y la Mamelle en 1975; en Buffalo Hallwalls en 1974. Cruzando el Atlántico, en Londres SPACE en 1968 y ACME en 1972; en Berlín la NGbK en 1969; en Toronto Art Metropole en 1974; en Florencia Zona en 1974, y un largo etcétera.

¿Por qué? ¿Por qué en pocos años se produce un movimiento de estas dimensiones dentro del mundo del arte? Sin duda un fenómeno de tal amplitud se debe siempre a la coincidencia de varias causas que lo impulsan y posibilitan. Pero vamos a centrarnos en una que es esencial y que es la que sigue vigente al día de hoy: a partir de los años 50 se produce una fuerte institucionalización del arte.

Si hacemos caso de Peter Bürger, “con los movimientos históricos de la vanguardia, el subsistema social que es el arte entra en una etapa de auto-crítica. (…) El concepto de ‘arte como institución’ como lo empleo aquí, refiere al aparato productivo y distributivo, así como a las ideas sobre el arte que prevalecen en una época determinada y que determinan la recepción de la obra.”

En los mismos años en que Bürger escribe su Teoría de la Vanguardia, el crítico peruano-mexicano Juan Acha desarrolla un análisis marxista del arte enfocado al sistema de producción, distribución y consumo. Los títulos de sus libros incluyen precisamente expresiones como ‘La producción del arte’, 'El arte y su distribución’ o ‘El consumo del arte’.

Tras la Segunda Guerra Mundial esta institución, en el sentido abstracto del término, desarrolla una institucionalidad, entendida ésta como el aparato comercial y administrativo del arte: museos, galerías, ferias, bienales, fundaciones, facultades y escuelas, editoriales especializadas, revistas…

Entonces, por un lado tenemos que eso que llamamos intuitivamente mundo del arte ha tomado conciencia de ser una institución, y por otro que alrededor de los artistas han aparecido otros muchos actores que toman parte en los procesos de producción, distribución y consumo del arte.

Hay dos consecuencias inmediatas del nuevo estado de cosas:

La primera, que se hace evidente que la creación es proceso social, donde el significado se construye colectivamente, con la participación de todos esos actores. Esto es lo que nos explica el urinario de Duchamp, que en un determinado marco institucional y dentro de un discurso específico sobre el arte adquiere el valor  de obra. Pero fuera de ellos no deja de ser un urinario. Dicho de una manera más atractiva, en palabras del situacionista Asger Jorn, “El valor no emerge de la obra de arte, sino que se libera desde dentro del espectador.”

En segundo lugar, se ha producido una división del trabajo creativo, en la que el artista deja de ser el centro. Una nueva figura, el curador, va a competir con él por el papel protagonista. En los años 60 y 70 encontramos numerosas declaraciones al respecto por parte de los artistas. En ellas se expresa la preocupación por el nuevo orden, donde los que antes parecían trabajar al servicio de los artistas, ahora ocupan la posición de sus jefes. Mel Radsem, Hans Haacke o Daniel Buren, quien en 1969 mantiene una polémica sobre el tema con Harald Szemann, son buenos ejemplos.

En respuesta, las nuevas generaciones deciden abrir sus propios espacios de exhibición e intercambio de ideas. Por una parte porque el sistema, ya completamente institucionalizado, se ha vuelto resistente a las innovaciones. Ha cristalizado en determinadas prácticas y carece de flexibilidad para asumir otras. Por otra, porque han comprendido que no basta con producir la obra, que el significado depende de la forma en que ésta se socializa. En los años 70 hay además una fuerte implicación política, pero no tanto como transmiten algunos autores. El objetivo principal de casi todos los proyectos es crear espacios de libertad creativa, como podemos comprobar si revisamos declaraciones de intención de la época o entrevistas posteriores.

En los 90 hay una nueva oleada de espacios alternativos. No es que no siguiese habiéndolos en los 80, pero la vuelta a la pintura y la fuerte reacción en los círculos de poder de la cultura tienen un efecto reductor, y los que sobreviven quedan relegados a circuitos menos visibles. En España, en Madrid, para ser más precisos, la de los 90 es la primera generación propiamente dicha de espacios y proyectos alternativos.

El contexto era muy diferente. Quizás lo más relevante es que hay una desaparición de lo político. Si los 70 fueron muy politizados, en los 90 la política no está casi presente. El proyecto histórico de la izquierda está agotado. No es algo que yo considere mejor o peor. El matrimonio entre arte y política no siempre es fértil, ni siquiera propenso al orgasmo, al menos en los términos en que se ha entendido hasta ahora. Sólo señalo la diferencia porque de nuevo vivimos tiempos en los que la política se ha estetizado y se infiltra en los terrenos del arte.

En el caso de Madrid, resaltaría además dos rasgos:

 1.   El nacimiento de la institución arte como tal. Pero lo peculiar es que la institucionalidad del arte no surge de las prácticas de sus distintos agentes, sino de decisiones del gobierno. No es un movimiento de abajo a arriba, sino de arriba a abajo. En 1982 Felipe González impulsa la creación de ARCO, y en el 88 del Reina Sofía. Son dos instituciones monstruosas, que hegemonizan por completo las artes visuales de nuestra ciudad, pero que no tienen interés en lo que está pasando en ella. Los artistas que empezamos a trabajar en Madrid a final de los 80 y principios de los 90 no disponíamos de espacios donde exponer. Tuvimos que inventarlos.

 2.    La necesidad de una renovación de los lenguajes, atascados en los soportes más tradicionales. El performance y el conceptual, todo lo relacionado con la desmaterialización de la obra de arte, no habían tenido en España la visibilidad o el protagonismo que en otros países. Para colmo, las políticas culturales del PSOE en los 80 provocan un corte histórico entre las generaciones de los 60 y 70 y nosotros. En consecuencia nos lanzamos a experimentar con nuevos lenguajes, porque era algo que no existía.

Pero en ambas generaciones, 70 y 90, hay un elemento político más profundo y de gran importancia: mientras que la vanguardia, y sobre todo la teoría que se ha producido a partir de ella en el mundo académico, parte de una matriz ideológica marxista y se presenta como una avanzadilla para la toma del poder, para la demolición del sistema existente, es decir, son propuestas de corte revolucionario, los espacios alternativos no se plantean el antagonismo en estos términos, sino orientada a la creación de diferentes posiciones de diálogo con el sistema. Sistema que es rechazado, pero sin intención de tomar el poder para ejercerlo desde premisas ideológicas diferentes. Alternativas es siempre plural y responde a una ética anarquista antes que a una doctrina marxista. Alternativas es una práctica, de la que no es necesario que emane un discurso. Vanguardia es un discurso que preconfigura la práctica artística. Es un pensamiento estratégico, que señala los objetivos y el camino para llegar a ellos. Éste es el conflicto que vivimos ahora en Madrid entre un arte político que excluye todo aquello que no ha sido previsto en el texto, y la realidad de la creación, que es heterogénea, diversa, con frecuencia contradictoria, y, como ya he dicho, eminentemente práctica. La auto-institución tendría una raíz táctica, de cómo resolver problemas concretos, antes que estratégica.

A partir del 2000 ocurre un fenómeno que aún no se ha estudiado a fondo, y aquí les doy un pequeño adelanto de mis investigaciones: las instituciones culturales se dan cuenta de que no tienen contenidos. Mientras que los artistas hace casi 50 años que hemos superado la exposición como principal “dispositivo”, hemos dado prioridad al proceso frente a la obra acabada, hemos aprendido a crear públicos específicos (frente a público universal del museo), a ocupar lugares concretos en la sociedad y en la geografía de la ciudad, la institución cultural, el museo, está atascado en prácticas obsoletas y relaciones jerarquizadas. ¿Y qué ocurre? Que mientras que los artistas vivimos a salto de mata, los curadores y demás funcionarios de la cultura tienen que justificar un sueldo. Y se inventan esto: New Institutionalism.

Hay una cooptación o una apropiación del conocimiento producido desde aquellas posiciones de disenso, de alteridad, de antagonismo no revolucionario, para rellenar de contenido el moribundo aparato administrativo de la cultura. Apelan a los movimientos sociales (antiglobalización), y por último a un arte político que pueda tener lugar dentro de los muros de un museo. La institución entra así en un momento de máxima contradicción. Quiere ser alternativa a sí misma, pero no puede renunciar a su poder.

Debo insertar aquí una precisión importante: los proyectos alternativos son contingentes, y son conscientes de su propia contingencia. Responden a un contexto y tienen un plazo de vida. No aspiran a la permanencia. Las instituciones tienen en su ADN el instinto más básico de cualquier forma de poder: perpetuarse.

Quizás por eso las instituciones no pueden convivir con la crítica ni con el conflicto. La función de las instituciones culturales es en realidad desactivar el disenso. Invisibilizar la heterodoxia. Yo llevo más de 10 años provocando a la institución. Provocando en términos concretos, no desde la retórica del Fin del Capitalismo. Es parte de mi práctica artística, además de ser un ejercicio de responsabilidad política, y como muchos de ustedes saben el resultado es que ocupo un puesto de honor en todas las listas negras. La crítica no genera una respuesta de diálogo, sino de exclusión, que se extiende de manera perversa, inducida por las mismas instituciones, al terreno de las relaciones sociales y la afectividad. No se preocupen, porque a mí da exactamente igual.

Uno de los grandes éxitos, por así llamarlo, de toda la corriente del New Institutionalism ha sido apropiarse del antagonismo desde la hegemonía. El mejor ejemplo es el Reina, pero también las instituciones que creó Gallardón en Madrid, como Intermediae o Medialab. No se pueden criticar y actúan con superioridad moral, porque ellos protagonizan el antagonismo. Pero paradójicamente también son las instituciones a través de las cuales se escenifica el poder y se implementa la gubernamentabilidad, término foucaultiano, y tienen la capacidad no sólo simbólica, sino económica, política e incluso policial para sofocar la crítica.

Como he dicho antes, estamos en el momento de la máxima contradicción institucional: el antagonismo desde la hegemonía. Por eso no es extraño que un gobierno de derechas mantenga en la dirección del Reina a Borja Villel, que hace política de izquierdas desde su cargo, o que las instituciones creadas por Gallardón hayan continuado sin cambios substanciales, ni siquiera en sus organigramas, bajo un gobierno municipal de signo contrario.

Éste es el momento que vivís los que ahora estáis ensayando formas de organización autónoma, o, como he dicho al principio, de auto-institución. En el lenguaje pedorro al uso, procesos auto-instituyentes. Ésta es una parte del esquema que tenéis que dibujar en vuestras cabezas para saber por dónde camináis. No vayáis a pisar justo en la tablita rota del puente.

Yo no sé qué es lo que tenéis que hacer. No hay una fórmula. Tampoco es algo que podamos hacer de manera racional. En los 90 muchos artistas tomamos decisiones que no eran fáciles, y sobre todo no eran razonables. Nos adentramos en territorio desconocido, empezamos a hacer cosas que no sabíamos hacer, que nadie sabía hacer. Que ni siquiera nadie sabía que se podían hacer. Y las hicimos. Yo ahora estoy escribiendo un libro sobre este periodo y me doy cuenta de que fue una época apasionante y que lo que hicimos, como generación, como colectividad, como inteligencia colectiva en un momento histórico determinado de Madrid, fue increíble. Pero por supuesto no lo vivimos así. El camino siempre es duro.

Pero sí me gustaría insistir en algo que hace unos meses comenté aquí mismo de pasada, en otra sesión de Tandem. Es algo que oí en Youtube al director del Medialab del MIT (éste es un Medialab donde se desarrolla tecnología, no es un centro cultural). Los proyectos que ellos aprueban tienen que cumplir ciertos requisitos.

El primero, que sea original. Pero no original en el sentido que se usaba antes en el arte, el gesto provocador, la ruptura formal… sino en el sentido estricto: que nadie más lo esté haciendo. No hagáis algo que ya están haciendo otros, para tal caso colaborad con esas personas. Por ejemplo, en un plano práctico, si yo quisiera empezar un proyecto que requiere invitar a artistas extranjeros, no montaría un programa de residencias, vería la forma de colaborar con Intercambiador y me concentraría en una actividad más específica que ellos no estén cubriendo. O en general, si hay mil sitios haciendo exposiciones, no hagáis exposiciones, no situéis la exposición en el centro de vuestra actividad. O incluso si lo hacéis, buscad en elemento especial, que no sea lo mismo que en las galerías. Yo en el Ojo Atómico, en los 90, hacía exposiciones de una sola pieza. En el segundo Ojo Atómico, en 2003, organizamos algunas exposiciones “curadas”, pero enseguida comprendimos que había que explorar otras formas de trabajar e hicimos proyectos como ¿Cómo te imaginas tu plaza? O el Museo de la Defensa de Madrid o Bellas Durmientes, de los que éramos “autores”; CODE:RED, con Tadej Pogacar y la asociación de prostitutas de Madrid. O finalmente el CPAC. Yo además preparaba en público paellas “profanadas”, con ingredientes de otras culturas.

Segundo, haced algo que os involucre personalmente. No nos llenemos la boca con grandes palabras. Busquemos y reconozcamos cuestiones que nos afectan para bien o para mal, que nos atormentan o que nos fascinan. Porque si el móvil de nuestra acción está en el corazón, y no sólo en la cabeza, tendremos la energía para superar todos los obstáculos. Si no, es fácil ir cambiando de foco, porque lo que estamos haciendo es consumir problemáticas. Hay que entender por qué determinados asuntos son importantes para nosotros, cuál es el elemento que convierte el interés, un honesto y legítimo interés, en una imperiosa necesidad.

Tercero, que lo que hagamos genere comunidad. Que tenga la capacidad de activar un circuito de intercambio intelectual y emocional. Eso es lo que debemos entender por “crear públicos”. No se trata de llegar a mucha gente, ni de engancharnos a una comunidad marcada con el asterisco de una vulnerabilidad, sino de crear un espacio de circulación de conocimientos y de relación entre personas. Y si es sólo con otra persona, con esa, si son 10, son 10, y si son mil, pues con los mil. Podéis entender esta idea a través del concepto de contra-públicos que acuñó la socióloga Nancy Fraser en los 90: arenas discursivas paralelas donde los miembros de grupos sociales subordinados inventan y circulan contra-discursos para formular interpretaciones oposicionales de sus identidades, intereses y necesidades.

Y yo voy a añadir otra: que todo lo que hagáis entre de alguna forma, brutal o sutil, en conflicto con el sistema del arte y sus instituciones. Que lo cuestione, que detone debates inesperados.

Pero si queréis que os diga la verdad, hay una frase que podría resumir todos los principios y teorías que han dirigido mi trabajo durante estos 25 años:

No hagáis nunca nada que esté bien.